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La hernia en el disco lumbar no suele manifestarse únicamente como una molestia localizada en la parte baja de la espalda. A menudo aparece junto a tirantez, sensación de inestabilidad, dificultad para mantener ciertas posturas y dolor que puede extenderse hacia glúteos, muslo, pierna o incluso el pie. En determinadas situaciones también pueden presentarse calambres, adormecimiento o pérdida de fuerza, haciendo que tareas cotidianas como levantarte, caminar, permanecer sentado, girarte en la cama o coger peso resulten mucho más difíciles de lo habitual. Con frecuencia, la zona se va cargando cada vez más porque el cuerpo modifica el movimiento para evitar molestias, y eso termina generando compensaciones que mantienen el problema en el tiempo.
Aquí vas a encontrar una propuesta de tratamiento enfocada en disminuir el malestar, mejorar la capacidad de movimiento y reforzar el control corporal, con la idea de que no solo notes una mejoría puntual, sino que avances hacia una recuperación más sólida. El planteamiento busca identificar qué está irritando o sobrecargando la zona lumbar, aliviar esa tensión mantenida y guiar una readaptación progresiva para que tu espalda vuelva a tolerar mejor los esfuerzos del día a día. El objetivo final es que puedas retomar tus actividades con mayor tranquilidad, más seguridad al moverte y menos miedo a que el dolor vuelva a frenarte.



Pérdida de control de la orina

Pérdida de control de las heces

Dificultad para iniciar la micción o vaciar bien la vejiga

Adormecimiento en periné, genitales o zona de “silla de montar”

Debilidad importante o progresiva en una o ambas piernas

Dolor en ambas piernas junto a alteraciones urinarias o pérdida de sensibilidad perineal
L4, L5 y S1 son las zonas lumbares y lumbosacras que con más frecuencia se ven implicadas cuando hablamos de una hernia discal lumbar. Cuando una hernia se describe como L4-L5 o L5-S1, significa que el problema está en el disco situado entre esas vértebras, justo en la parte baja de la columna, una región que soporta gran parte de la carga, los impactos y muchos de los movimientos de flexión, giro y esfuerzo del día a día. Por eso, son los niveles donde más habitualmente aparecen este tipo de lesiones, aunque también pueden verse afectados otros segmentos como L3-L4 en algunos casos.
En esos niveles, el disco puede protruir o herniarse hacia atrás o hacia un lado y irritar o comprimir una raíz nerviosa cercana, provocando síntomas que no se quedan solo en la zona lumbar. Según el nivel afectado, pueden aparecer molestias que bajan hacia glúteo, muslo, pierna o pie, además de hormigueo, adormecimiento o pérdida de fuerza. En los cuadros más serios, sobre todo cuando la hernia es grande y central en L4-L5 o L5-S1, puede comprometer varias raíces nerviosas y generar señales de alarma neurológica que requieren valoración prioritaria.


Una hernia discal lumbar aparece cuando uno de los discos de la parte baja de la espalda, cuya función es amortiguar y repartir cargas entre las vértebras, se desplaza, se fisura o sobresale más de lo debido y comienza a presionar o irritar una estructura cercana. Cuando esto sucede, no solo puede aparecer dolor en la zona lumbar, sino también molestias que se extienden hacia glúteo, cadera o pierna, dependiendo del nivel afectado y de la raíz nerviosa que esté comprometida.
Dicho de una forma sencilla, ocurre cuando una parte del disco deja de mantenerse en su posición habitual y empieza a rozar, inflamar o comprimir tejidos que no debería. Por eso, una hernia lumbar puede manifestarse con rigidez, sensación de bloqueo, hormigueo, adormecimiento, debilidad o limitación para moverse con normalidad. En algunos casos las molestias se quedan en la espalda, y en otros el problema da síntomas a distancia porque afecta al recorrido del nervio hacia la pierna.


Este enfoque se organiza en tres etapas de trabajo, y en cada una de ellas se emplean ejercicios específicos del método MORFT®. Su finalidad es intervenir de forma global sobre aspectos clave como la prevención, el ajuste postural, la mejora funcional, la readaptación física y la optimización biomecánica del cuerpo. Todo el proceso se plantea de manera progresiva, personalizada y coherente con las necesidades de cada persona, respetando siempre sus características y su punto de partida.
MORFT® surge con la intención de recuperar el equilibrio entre flexibilidad, elasticidad, fuerza y resistencia, cuatro bases fundamentales para que el cuerpo pueda moverse, responder y sostenerse de forma eficiente. A partir de esa combinación, se busca dotar al organismo de mejores recursos para funcionar con estabilidad, rendir con mayor seguridad y favorecer una condición física más armónica en el conjunto del sistema corporal.
No te quedes con el dolor, contáctanos y te orientaremos para adaptar tu caso a la mejor solución personal posbile.